martes, 1 de mayo de 2012

La crisis del tercer año (o cuarto, depende)

Cuando uno ya lleva tres años aprendiendo y bailando, anda muy contenta de sí misma, pensando que ahora sí que le salen bien los camellos, los hagallas,  los shimmies y demases. Entonces, de repente, le ocurre una de las siguientes cosas:

1. Va a un taller sobre, digamos, técnica y coreografía oriental del estilo de la bailarina XXXXX
2. Le preguntan desde hace cuánto baila y cuando uno responde muy feliz "tres años y medio" van y le preguntan algo como por ejemplo: "¿Y en qué se diferencia el estilo egipcio del cabaret americano, dime tú?", o "A ver, explícame por favor cómo diablos se hace el hagalla con camello"
3. Lee un artículo sobre la danza Hagalla y se queda mirando pal techo confundida porque esa palabra la ha aprendido en relación con un paso, pero jamás con una danza específica

En el momento en que uno se halla en medio de una de esas experiencias, le asalta un sentimiento cortante y trágico de que UNO EN REALIDAD NO SABE NADA DE NADA, con la consiguiente certeza de que mejor debería dedicarse  a otra cosa en vez de andar gastando tanto dinero en caderines, telas hermosísimas y adornos.  Luego viene la tristeza, el desaliento y , bueno, tambén la rabia con uno misma.

La tragedia de la que hablo es la que podríamos llamar Crisis de los 3 años, que viene a ser como un cuestionamiento de nuestros avances como bailarinas, un retroceso en nuestra autoimagen de "Bailarina con experiencia", un túnel con espejos aguafiestas que nos devuelven nuestra imagen real, como quiera que sea. El asunto es que en al parecer les pasa a muchas, sino a todas.
¿Por qué nos pasará eso? ¿Será así en todas las profesiones?

A ver... veamos. Recuerdo que cuando empecé a hacer clases de Lenguaje en el primer liceo donde realmente empecé a ser Profesora, sabía muchas cosas: Literatura medieval y contemporánea (y las otras), Teoría Literaria, Ortografía; había leído todos los libros que se leen en la Enseñanza Media; sabía cómo se pasaba lista, cómo se debía hablar para que todos escucharan... en fin, cosas que a uno le enseñan en la Universidad en 4 años y medio. Cuando uno tiene en sus manos el título de Profesor tiene la confirmación de que uno puede enseñar porque sabe ¿no? Claro, si no fuera así, pues no tendría título

Pero ocurrió que a la primera dificultad seria (que no recordaré porque esas cosas dan para un libro) me encontré de golpe con esa crisis de ignorancia o de cuestionamiento "Bueno ¿sirvo o no sirvo para esta cuestión?" Parece que no porque, como no me resulta lo que he planificado con tanto entusiasmo, me entra la duda de si soy yo o son ellos (los alumnos). Y esta crisis me asalta cada vez que algo no me está saliendo muy bien o cuando derechamente me pego contra un problema 

Ahora, llegando a la Danza, también me pasó por allá por los 3 años, que me imaginaba haciendo clases de Danza y explicando cómo hacer un shimmy.Yo veía que lo podía hacer; pero explicarlo... ya era otro cuento.

Creo que cuando uno aprende algo, cualquier cosa, nuestro conjunto de cerebro y cuerpo (todas hemos dicho "Mi cerebro sabe cómo se hace pero mi cuerpo no" ¿cierto?) pasa por 3 etapas muy diferenciadas:

1. Aprendizaje confuso, torpe, atropellado pero entusiasta
Lo que aprendemos se nos olvida al día siguiente; confundimos el adelante -atrás; los ochos nos salen tiesos y zigzagueantes o no nos salen; nuestra postura es lamentable. Pero por el contrario, sentimos que estamos aprendiendo aunque sea el nombre del camello y que tenemos futuro

2. Asimilación individualista inconsciente del asunto  
Individualista porque mi cerebro ha aprendido a gobernar al ejército de músculos, huesos y peso total, sin hablar del equilibrio; pero le falta "comunicármelo". Es decir, el cuerpo lo hace solo. La parte del cerebro que controla mi capacidad de comprender o de hablar no sabe lo que hace la parte que controla los movimientos. Por eso además es "inconsciente". Ésta es una etapa de difícil equilibrio, porque desde afuera se ve que sabemos; pero interiormente estamos rogando que nadie nos pregunte cómo lo hicimos porque nos derrumbaríamos de ignorancia y vergüenza, y de paso nos descoordinamos

3. Asimilación consciente, disciplinada y creativa
En esta etapa, nuestro cerebro sabe mandar al cuerpo y contarnos no sólo lo que está haciendo, sino lo que piensa hacer más adelante y lo que recuerda de años anteriores. Por esta razón, nos sentimos más libres cuando la Profesora nos enseña una combinación nueva. Ya no debe explicar las partes del ocho y las partes del Uno y Medio; simplemente dice 2 ochos vertivales (o 2 mayas)  y 2 Uno y medio porque nosotras ya sabemos de qué se trata eso. Vamos y lo hacemos al ritmo de Baladi como si nada.
En esta etapa nos sentimos seguras de lo que sabemos, somos capaces de aprender solas, de comparar, de hacer críticas, de analizar estilos, de diferenciar estilos, de verle las hilachas a la coreografía de la Bailarina de no sé país que vino a hacer un taller, etc. Naturalmente podemos hacer una coreografía solitas o recombinar las series que nos enseña nuestra profesora.

Las crisis más graves se dan  cuando uno está aún en la etapa 2; pero yo diría que esto es natural. El aprendizaje de algo nuevo no es rápido, porque aprender de verdad involucra todo nuestro sistema corporal, mental, síquico y cultural.  Y uno aprende de verdad cuando observa (escucha, mira, huele, toca), practica, repite, aplica a situaciones nuevas y lo replica.

Ahora bien, tampoco pasa que uno llega a la etapa 3 y ya es lo máximo y nunca más necesitará de nadie al lado para corregirla o enseñarle cosas nuevas, no señor. La que piensa esto se va castigada a la etapa 2 inicial. La etapa 3 sólo significa que estás en propiedad del título y de un par de años de práctica. Pero no te libra de tener dudas o de encontrarte con algo completamente nuevo que debes aprender desde el comienzo. Acá no hay crisis de ignorancia, simplemente hay reflexión y análisis para mejorar nuestra técnica, nuestra práctica, nuestra forma de enseñar. Todas cosas muy necesarias y ejemplos de que estamos en la etapa 3 plenamente. Quien  cree que lo sabe todo, en fin.. no vale la pena explicar ¿cierto?

Como siempre, cuando hablo de un problema, me pregunto "Bueno ¿y cómo lo soluciono?" En este caso ¿Y cómo salgo de la crisis?

Pues insistiendo insistiendo insistiendo. Es decir, sigo yendo a las clases, sigo practicando en mi casa.
Insisto aunque me esté diciendo que no sirvo para bailarina que me veo ridícula y que soy la peor de todas las alumnas y que es vergonzoso que lleve 4 años y no sepa nada buaaaaaa

En algún momento debería detenerme a pensar: "Bueno, y a todo esto ¿a mí me gusta bailar? ¿qué tanto me gusta? ¿Podría dejarlo ahora y hacer otra cosa? ¿Para qué quiero bailar? ¿Por qué me gusta bailar? Si mis respuestas vienen de mi naturaleza más profunda y no del exterior, de lo que otros quieren o esperan de mí, sabré lo que debo hacer, si dejarlo o no.

Si mi respuesta auténtica es que quiero seguir a pesar de todo, la crisis pasará como se pasan los dolores o las penas de amor: con tiempo y voluntad de avanzar. Y pasará sin que nos demos cuenta. Ya hallaremos la forma de hacer bien el camello o las marcaciones. Buscaremos distintas formas hasta dar con la correcta, y mientras tanto, practicaremos y seguiremos comprando telas hermosísimas y adornos porque de verdad ayudan a sentirse mejor.

Suhair en una presentación con sus compañeras de Vientre de Luna, en Rancagua. Sin crisis y bastante feliz, aunque aún tenía mucho que aprender

sábado, 24 de diciembre de 2011

La posición del cuerpo para bailar

Leí una vez un artículo en Internet, donde Munique Neith (bailarina brasileña vencindada en España) opina que para bailar y aprender Danza del Vientre no es necesario tener las piernas semiflectadas, pues no es esta la posición que utilizamos, por ejemplo, cuando caminamos. Como Munique es una de mis favoritas, pues no creo que esté del todo equivocada. Veamos:

Madre de Dios cómo baila esta mujeeeeer!

Pero otras bailarinas enseñan a tener las piernas semiflectadas todo el tiempo, además de la pelvis encajada, el pecho alto, los hombros atrás, etc. Y cuando digo otras bailarinas, hablo de por ejemplo, Aziza, Sadie, las Bellydancers Superstars, Saida, Liliana González, Randa Kamel, Orit... en fin, muchas

Como siempre, yo hablo desde mi aprendizaje y mi experiencia, que de algo debe servir, puesto que he aprendido a prevenir lesiones, a curarlas, a vivir con ellas; sin hablar de que he mejorado mucho mi postura, crecido un buen par de centímeteros por andar derecha  solamente, y sé de dónde nacen los movimientos que hago.

Entonces, he comprobado que para aprender y después para bailar (y también para andar por la vida) es bueno cumplir con los preceptos de la mayoría de las bailarinas que mencioné más arriba:

Somos muñecos móviles
Primero que nada, pensemos con sentido común que nuestro cuerpo tiene un sistema óseo compuesto de muchas piezas móviles que están ahí para permitirnos una gran cantidad de movimientos: estar de pie derechos, en cuclillas,    torcernos hacia uno y otro lado, sentarnos, etc. ya se entendió la idea.  El asunto es que podemos hacer esa gran cantidad de movimientos combinando las articulaciones correspondientes al lado para el que nos movemos, mientras que las articulaciones del otro lado permiten ese movimiento. Entonces, pensemos en esos muñecos articulables, como estos:


Si nos fijamos, cada punto de unión las piezas del cuerpo corresponde a una articulación en nuestro cuerpo. Pues, bien, estas articulaciones son muy potentes, pero no tanto como para permitirnos una vida entera de malas posturas, trabajos mal hechos, y en nuestro caso, movimientos mal armados.  Es necesario saber como regla general que al bailar siempre debemos tener el peso del cuerpo en el lugar correcto, y que cuando hacemos un movimiento, todas nuestras piezas móviles se mueven para permitir dicho movimiento, por ejemplo, un ocho con las caderas. En general, al movernos, el peso del cuerpo está en uno de los dos lados (izquierdo o derecho), no en ambos, pues si lo hacemos así corremos el riesgo de forzar un lado completo de huesos y articulaciones, sin hablar de los tendones y músculos que se estiran demasiado o se mueven en direcciones extrañas.
Por lo anterior, digo que la primera cosa que es necesario aprender en Danza Árabe (en cualquier danza o deporte) es distribuir el peso del cuerpo donde corresponde, además de saber que cuando nos  movemos SIEMPRE EL PESO DEL CUERPO ESTARÁ EN UNO DE LOS DOS LADOS PERO NO EN AMBOS. Si no me creen, prueben a hacer un ocho de caderas con el peso en ambas piernas equitativamente; después pueden ver muchos videos en internet donde comprobarán esto que les digo, porque tendrán haaaaarto tiempo, debido a que estarán lesionadas y no podrán ni caminar.

Cuando uno está aprendiendo y no le salen los movimientos, siempre es porque este principio no se cumple.
Ahora bien ¿qué podemos hacer para aprender a poner el peso del cuerpo correctamente?  Se me ocurre que practicar el Uno y Medio sirve bastante. Entonces, hacemos 4 con el lado izquierdo y 4 con el derecho. Este paso nos obliga a poner el peso del cuerpo en un lado, para poder mover el otro. 

Lo segundo a tener en cuenta es que ninguno de nuestros movimientos naturales se hace con el cuerpo tieso. Prueben. Yo por lo menos, cuando digo algo así, enseguida me lo imagino o derechamente lo hago. Prueben a caminar tiesas, ja ja ja JA JA JA!!!!

Pues bien, queridas bailarinas, siempre andamos con las piezas semiflectadas: codos, rodillas, caderas, hombros. Por lo tanto, cuando sus profesoras les dicen "piernas semiflectadas" hablan con mucha sabiduría y conocimiento, pues la nuestra es una Danza natural, que le pide al cuerpo lo que él tiene y hace normalmente. Por esta razón a poco andar empezamos a mover armoniosamente o los brazos y las piernas, porque los movimientos de las piernas y caderas, por ejemplo, le piden y le indican al resto del cuerpo lo que tiene que hacer. Por esta razón se aplica en nuestra danza esa frase del Maestro Obi Wan Kenobi: "Déjate guiar por la Fuerza" mientras  le ponía una venda en los ojos a su incrédulo discípulo  Luke Skywalker. Cuando bailen, concéncrense en las piernas y caderas, sintiendo la música y disfrutándola,  que al rato estarán moviendo los brazos como debe ser.

En todo caso, que quede claro que cuando hablamos de semiflectadas, queremos decir suavemente, sin exagerar, excepto cuando estamos bailando y lo hacemos porque hacerlo nos permite agregarle un cierto matiz o sabor al movimiento.

Por otra parte, cuando hablamos de tener las piernas derechas, por ejemplo, cuando hacemos el Uno y Medio y tenemos el peso en la pierna izquierda, no queremos decir que la pierna izquierda debe estar tiesa porque, volviendo a lo natural,  nosotros no hacemos eso. Si lo hacemos, al rato nos duelen las rodillas, y si persistiéramos en esta postura horrorosa, después nos dolerán las caderas y  la espalda. De manera que incluso cuando decimos "poner derechas las piernas"  estamos pensando el la semiflexión.

Lo anterior, porque en esta postura el cuerpo toma impulso para ir al siguiente movimiento; porque, al recibir el movimiento, la otra articulación amortigua el golpe que significa recibir tus 60 kilos de repente. La Naturaleza es sabia.

Céntrese, mujer!!
Hay otro factor importante al momento de pensar en la postura del cuerpo al bailar:  el centramiento o  alineamiento del cuerpo, sea cual sea la posición que adoptemos. Este alineamiento quiere decir que siempre nuestro cuerpo está tratando de poner tu estructura en equilibrio. Si no fuera así, perderíamos fácilmente el equilibrio, y es esta la razón por la cual no mantenemos una determinada postura cuando bailamos : porque no alineamos el cuerpo. Nuestro peso, repartido en todas sus partes, debe tener una línea central de la cabeza a los pies que mantenga nuestra figura en equilibrio, por ejemplo en un arabesque . Aunque estemos inclinadas hacia delante con el torso y con una pierna atrás en el aire, esta línea central que nos conecta a la tierra debe mantenerse. 

Cuando no estamos centrados, nuestro cuerpo lo indica: sentimos la sensación de inestabilidad. Por el contrario, cuando estamos centrados, nos sentimos firmes, estables en nuestra postura. Prueben, con un tema lento (y que les guste) a probar distintas posturas con ambos pies en el suelo primero. Cada vez que llegen a esa postura, centren el cuerpo, moviéndose para encontrar ese punto en el cual sientan esa estabilidad. Una vez que sepan centar su cuerpo en posturas con ambos pies, pasen a posturas con el peso en un  solo pie. Así, bajen, inclínense hacia adelante, hacia atrás, hacia un lado... Mantengan esa postura hasta encontrar el centro o la línea.

La pequeña Suhair con sus 58 kilos repartidos equitativamente y sonriendo, de manera que podría estar así todo el día, si no tuviera que ir al baño o comer, como es su costumbre.
Esos pies paralelos!
Esto lo he comprobado cuando hago, por ejemplo, los omis. Cuando siento cierta resistencia en mis caderas mientras hago omis, miro mis pies y ¡claro! estaban mirando hacia afuera, los muy inconscientes. En cuanto corrijo ese mal,  los omis salen redonditos y correctos como señoritos bien educados.  Lo mismo me pasa con los golpes de cadera hacia los lados, con los ochos, el shimmy, etc. Todos los movimientos me salen bien en precisión, fluidez y gracia, cuando tengo los pies paralelos entre sí. Y esto es así porque, aunque nuestras articulaciones tengan estructuras que permiten cierto movimiento de rotación extra, aparte del movimiento para el que fueron diseñados, forzar esta posición "extra" puede dañar (y lo hace) primero nuestra postura, y luego nuestra salud general. Además, cuando caminamos con los pies en la posición "Diez para las Dos" si además estamos cansadas, podemos parecer unos lindos patitos andando por las calles. Si eres de ésas, no te pongas jamás ropa amarilla ¿ya? A menos que mejores la línea de tus pies.

Mejorar la línea de los pies mejora enseguida la línea de las rodillas y las caderas y, finalmente, mejora la forma en que caminamos y sostenemos el cuerpo. Lo demás es descuido solamente. Nos hace bien tener a alguien que nos corrija de tanto en tanto: Esos pies paralelos, señorita, hasta que nos acostumbremos y lo hagamos solitas.

Así pues, parece que doña Munique Neith no estaba hablando de tener las rodillas tiesas cuando hablaba de no tenerlas necesariamente semiflectadas. Lo que quería decir era que debemos bailar como cuando caminamos, o sea, CON LAS PIERNAS SEMIFLECTADAS. Lo demás sería Ballet clásico, asunto completamente distinto aunque tomemos de esta disciplina algunos elementos, como las posiciones de los brazos y algunos pasos.

Nos vemos en el próximo post, bailarinas