Cuando uno ya lleva tres años aprendiendo y bailando, anda muy contenta de sí misma, pensando que ahora sí que le salen bien los camellos, los hagallas, los shimmies y demases. Entonces, de repente, le ocurre una de las siguientes cosas:
1. Va a un taller sobre, digamos, técnica y coreografía oriental del estilo de la bailarina XXXXX
2. Le preguntan desde hace cuánto baila y cuando uno responde muy feliz "tres años y medio" van y le preguntan algo como por ejemplo: "¿Y en qué se diferencia el estilo egipcio del cabaret americano, dime tú?", o "A ver, explícame por favor cómo diablos se hace el hagalla con camello"
3. Lee un artículo sobre la danza Hagalla y se queda mirando pal techo confundida porque esa palabra la ha aprendido en relación con un paso, pero jamás con una danza específica
En el momento en que uno se halla en medio de una de esas experiencias, le asalta un sentimiento cortante y trágico de que UNO EN REALIDAD NO SABE NADA DE NADA, con la consiguiente certeza de que mejor debería dedicarse a otra cosa en vez de andar gastando tanto dinero en caderines, telas hermosísimas y adornos. Luego viene la tristeza, el desaliento y , bueno, tambén la rabia con uno misma.
La tragedia de la que hablo es la que podríamos llamar Crisis de los 3 años, que viene a ser como un cuestionamiento de nuestros avances como bailarinas, un retroceso en nuestra autoimagen de "Bailarina con experiencia", un túnel con espejos aguafiestas que nos devuelven nuestra imagen real, como quiera que sea. El asunto es que en al parecer les pasa a muchas, sino a todas.
¿Por qué nos pasará eso? ¿Será así en todas las profesiones?
A ver... veamos. Recuerdo que cuando empecé a hacer clases de Lenguaje en el primer liceo donde realmente empecé a ser Profesora, sabía muchas cosas: Literatura medieval y contemporánea (y las otras), Teoría Literaria, Ortografía; había leído todos los libros que se leen en la Enseñanza Media; sabía cómo se pasaba lista, cómo se debía hablar para que todos escucharan... en fin, cosas que a uno le enseñan en la Universidad en 4 años y medio. Cuando uno tiene en sus manos el título de Profesor tiene la confirmación de que uno puede enseñar porque sabe ¿no? Claro, si no fuera así, pues no tendría título
Pero ocurrió que a la primera dificultad seria (que no recordaré porque esas cosas dan para un libro) me encontré de golpe con esa crisis de ignorancia o de cuestionamiento "Bueno ¿sirvo o no sirvo para esta cuestión?" Parece que no porque, como no me resulta lo que he planificado con tanto entusiasmo, me entra la duda de si soy yo o son ellos (los alumnos). Y esta crisis me asalta cada vez que algo no me está saliendo muy bien o cuando derechamente me pego contra un problema
Ahora, llegando a la Danza, también me pasó por allá por los 3 años, que me imaginaba haciendo clases de Danza y explicando cómo hacer un shimmy.Yo veía que lo podía hacer; pero explicarlo... ya era otro cuento.
Creo que cuando uno aprende algo, cualquier cosa, nuestro conjunto de cerebro y cuerpo (todas hemos dicho "Mi cerebro sabe cómo se hace pero mi cuerpo no" ¿cierto?) pasa por 3 etapas muy diferenciadas:
1. Aprendizaje confuso, torpe, atropellado pero entusiasta
Lo que aprendemos se nos olvida al día siguiente; confundimos el adelante -atrás; los ochos nos salen tiesos y zigzagueantes o no nos salen; nuestra postura es lamentable. Pero por el contrario, sentimos que estamos aprendiendo aunque sea el nombre del camello y que tenemos futuro
2. Asimilación individualista inconsciente del asunto
Individualista porque mi cerebro ha aprendido a gobernar al ejército de músculos, huesos y peso total, sin hablar del equilibrio; pero le falta "comunicármelo". Es decir, el cuerpo lo hace solo. La parte del cerebro que controla mi capacidad de comprender o de hablar no sabe lo que hace la parte que controla los movimientos. Por eso además es "inconsciente". Ésta es una etapa de difícil equilibrio, porque desde afuera se ve que sabemos; pero interiormente estamos rogando que nadie nos pregunte cómo lo hicimos porque nos derrumbaríamos de ignorancia y vergüenza, y de paso nos descoordinamos
3. Asimilación consciente, disciplinada y creativa
En esta etapa, nuestro cerebro sabe mandar al cuerpo y contarnos no sólo lo que está haciendo, sino lo que piensa hacer más adelante y lo que recuerda de años anteriores. Por esta razón, nos sentimos más libres cuando la Profesora nos enseña una combinación nueva. Ya no debe explicar las partes del ocho y las partes del Uno y Medio; simplemente dice 2 ochos vertivales (o 2 mayas) y 2 Uno y medio porque nosotras ya sabemos de qué se trata eso. Vamos y lo hacemos al ritmo de Baladi como si nada.
En esta etapa nos sentimos seguras de lo que sabemos, somos capaces de aprender solas, de comparar, de hacer críticas, de analizar estilos, de diferenciar estilos, de verle las hilachas a la coreografía de la Bailarina de no sé país que vino a hacer un taller, etc. Naturalmente podemos hacer una coreografía solitas o recombinar las series que nos enseña nuestra profesora.
Las crisis más graves se dan cuando uno está aún en la etapa 2; pero yo diría que esto es natural. El aprendizaje de algo nuevo no es rápido, porque aprender de verdad involucra todo nuestro sistema corporal, mental, síquico y cultural. Y uno aprende de verdad cuando observa (escucha, mira, huele, toca), practica, repite, aplica a situaciones nuevas y lo replica.
Ahora bien, tampoco pasa que uno llega a la etapa 3 y ya es lo máximo y nunca más necesitará de nadie al lado para corregirla o enseñarle cosas nuevas, no señor. La que piensa esto se va castigada a la etapa 2 inicial. La etapa 3 sólo significa que estás en propiedad del título y de un par de años de práctica. Pero no te libra de tener dudas o de encontrarte con algo completamente nuevo que debes aprender desde el comienzo. Acá no hay crisis de ignorancia, simplemente hay reflexión y análisis para mejorar nuestra técnica, nuestra práctica, nuestra forma de enseñar. Todas cosas muy necesarias y ejemplos de que estamos en la etapa 3 plenamente. Quien cree que lo sabe todo, en fin.. no vale la pena explicar ¿cierto?
Como siempre, cuando hablo de un problema, me pregunto "Bueno ¿y cómo lo soluciono?" En este caso ¿Y cómo salgo de la crisis?
Pues insistiendo insistiendo insistiendo. Es decir, sigo yendo a las clases, sigo practicando en mi casa.
Insisto aunque me esté diciendo que no sirvo para bailarina que me veo ridícula y que soy la peor de todas las alumnas y que es vergonzoso que lleve 4 años y no sepa nada buaaaaaa
En algún momento debería detenerme a pensar: "Bueno, y a todo esto ¿a mí me gusta bailar? ¿qué tanto me gusta? ¿Podría dejarlo ahora y hacer otra cosa? ¿Para qué quiero bailar? ¿Por qué me gusta bailar? Si mis respuestas vienen de mi naturaleza más profunda y no del exterior, de lo que otros quieren o esperan de mí, sabré lo que debo hacer, si dejarlo o no.
Si mi respuesta auténtica es que quiero seguir a pesar de todo, la crisis pasará como se pasan los dolores o las penas de amor: con tiempo y voluntad de avanzar. Y pasará sin que nos demos cuenta. Ya hallaremos la forma de hacer bien el camello o las marcaciones. Buscaremos distintas formas hasta dar con la correcta, y mientras tanto, practicaremos y seguiremos comprando telas hermosísimas y adornos porque de verdad ayudan a sentirse mejor.
Suhair en una presentación con sus compañeras de Vientre de Luna, en Rancagua. Sin crisis y bastante feliz, aunque aún tenía mucho que aprender
